Anti-falsificación
La anti-falsificación abarca tecnologías y mecanismos que previenen la reproducción no autorizada de productos, boletos y certificados. En el informe conjunto Mapping Global Trade in Fakes 2025, la OCDE y la EUIPO estimaron en unos 467.000 millones de dólares el valor de los productos falsificados y pirateados que cruzaron fronteras en 2021, el 2,3 % de las importaciones mundiales. Esa cifra recoge solo lo que pasó por el comercio internacional: las falsificaciones fabricadas y vendidas dentro de un mismo país quedan fuera. El código QR se integra en el proceso de impresión que ya existe y no exige al comprador más equipo que su teléfono, por lo que suele ser la puerta de entrada a un programa antifalsificación.
El esquema básico es la verificación por consulta: cada unidad lleva un número de serie único escrito en el código y, al escanearlo, un servidor de autenticación comprueba si ese número consta en el registro y cómo se ha usado. Lo que se juzga es el número y su historial, no el material ni la impresión del artículo que se tiene delante, de modo que el sistema señala los números que no figuran en el registro y los que, existiendo una sola vez, reaparecen en lugares muy distantes. En cambio, si se copia una sola etiqueta de un producto legítimo, apenas queda historial anómalo y la consulta por sí sola no lo detecta. Añadir SQRC (código QR de seguridad), que restringe la lectura, no cambia ese punto: la imagen del símbolo se puede fotografiar o fotocopiar igual que cualquier código QR, así que SQRC no impide la duplicación, sino que restringe la lectura del área no pública, y al reimprimir el símbolo la parte pública se reproduce igual.
Por eso el código QR se diseña como una capa dentro de una defensa en profundidad y no como un freno que actúe por sí solo. Sobre el soporte se superponen medidas físicas como sellos holográficos, tintas especiales y microtexto, y el código se coloca donde no pueda leerse hasta abrir el envase (en el interior del embalaje o bajo un precinto), para que nadie copie los números de serie de mercancía todavía cerrada. El registro debe guardar además el destino de cada envío y la ruta de distribución, de forma que un escaneo procedente de una región a la que nunca se envió el producto salte a la vista: solo junto a ese control de la distribución el esquema resulta eficaz. Y el resultado que se devuelve al comprador conviene plantearlo no como un veredicto, sino como motivo para preguntar a quien lo vendió o a la marca.